Simone Veil es parte de nuestra historia

El 30 de junio de 2017 nos ha dejado algo más huérfanas Simone Veil. Nació el 13 de julio de 1927. Vino a este mundo con el nombre de Simone Annie Jacob, hija de un matrimonio judío no practicante. Con 17 años fue deportada junto a su familia, al campo de concentración nazi de Auschwitz, donde permaneció hasta su liberación el 27 de enero de 1945. Ella y sus dos hermanas, Milou y Denise, fueron las únicas supervivientes de su familia. Su madre murió de tifus en Auschwitz, y su hermano y padre fueron asesinados en Lituania.

Llevó toda su vida tatuado en su brazo el número 78.651, el que le fue otorgado por la Gestapo por su condición de judía. No quiso olvidarlo nunca.

Política francesa, Simone Veil es conocida tanto por su larga carrera política -en la que llegó a ser ministra de salud en Francia y la primera Presidenta del Parlamento Europeo-, como por ser una superviviente del Holocausto en la II Guerra Mundial. Reconoció en Europa «la violación a los derechos humanos a partir del racismo y la intolerancia«.

En el 60 aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, en 2005, Veil volvió al campo por primera vez para realizar un discurso de homenaje a las víctimas y en denuncia de los horrores de la guerra.

Hemos de saber que luchó por los derechos penitenciarios en su país y que fue una ferviente defensora de los derechos de la mujer y de los inmigrantes. Impulsó la ley que despenalizó el aborto en Francia en 1974, estando al frente del Ministerio de Sanidad en el gobierno de Valéry Giscard d’Estaing. En este cargo aprobó leyes polémicas como el acceso a los anticonceptivos en 1974 y la legalización del aborto en 1975.

Hoy queremos recordar uno de los hechos más importantes de su carrera política que supuso un gran avance para la mujer y que arrastró a otros países en ese sentido. Estamos hablando de la Ley Veil. Fue conocida internacionalmente por esta ley promulgada desde su ministerio en 1975 que permitió la despenalización del aborto en Francia.

El 5 de abril de 1971 Simone de Beuvoir escribe un manifiesto proabortista que ha pasado a la historia como el «manifiesto de las 343»(llamado ofensivamente por algunos medios como el de las 343 sinverguenzas o de las 343 zorras). Este manifiesto estaba firmado por 343 mujeres que reclamaban el derecho a la interrupción del embarazo en la revista Le Nouvel Observateur. Con esta firma pretendían denunciar la situación de miles de mujeres en Francia que se veían abocadas a abortar en la clandestinidad y reivindicaban el derecho al aborto libre (algunas también pedían que fuera gratuito) a la decisión sobre el propio cuerpo, diciendo con su firma «yo he abortado». 

Entre las firmas que aparecían se encontraban nombres conocidos como Catherine Deneuve, Françoise Sagan, Jeanne Moreau, Delphine Seyrig, Marguerite Duras, etc.

En Francia cada año un millón de mujeres aborta en peligrosas condiciones, a causa de la clandestinidad a la cual se ven condenadas. Esta operación, efectuada en medio hospitalario, no presenta mayores riesgos. El destino de estos millones de mujeres es silenciado. En consecuencia yo declaro formar parte de ellas. Declaro haber abortado.

De la misma manera que exigimos la contracepción libre, reclamamos también la libertad de abortar.

En 1972 se hizo mediático el proceso Bobigny que puso en el centro del debate público el derecho al aborto.

En octubre y noviembre de 1972 tuvo lugar el llamado proceso de Bobigny, donde se juzgaba a una menor, Marie Claire Chevalier que había abortado tras haber sido violada por el que entonces era su novio, circunstancia que se agravó por ser el propio violador el que denunció el aborto. El proceso acabaría con la despenalización del aborto en Francia y fue uno de los casos más ilustrativos de la hipocresía moral del que legisla contra la mujer que aborta. No importaba el aborto ni la supuesta vida del no nacido, sino quién abortaba y sus circunstancias sociales.


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Simone Veil llevó este debate a la Asamblea francesa con argumentos como:

Ninguna mujer recurre, por gusto, al aborto. Basta con escuchar a las mujeres. Siempre es una tragedia… No podemos seguir cerrando los ojos ante los 300.000 abortos que, cada año, mutilan a las mujeres de este país, que ofenden nuestras leyes y humillan a aquellas que los padecen…

En una asamblea con solo 9 diputadas frente a 483 diputados, Veil pretende acabar con una injusticia histórica para las mujeres. La última mujer que fue castigada penalmente en Francia, sufrió pena de muerte por practicar el aborto. Fue guillotinada en 1943, su nombre Marie-Louise Giraud.

En ese debate Veil escuchará los ataques más violentos (y hasta personales) desde los sectores más radicales de la derecha. Pintadas en su casa de cruces gamadas. Recibe amenazas. Un diputado, Alexandre Bolo, la acusó de querer «instaurar una nueva forma de eutanasia legal». Se le recordó a la ministra que su familia había muerto en las cámaras de gas de los campos de concentración. Veil permaneció firme, manifestando que «Los poderes públicos no pueden eludir su responsabilidad». Ella manifestó a los opositores que defendía la ley como «representante público y como mujer».

Tras tres días de debates la ley de despenalización del aborto finalmente se votó en la noche del 29 de noviembre de 1974: 285 votos a favor y 188 en contra. La despenalización del aborto aún así quedaba fuera de la cobertura de la Seguridad Social. Lo positivo, que acababa con una legislación que penalizaba a las mujeres.

Este capítulo de la historia del feminismo nos recuerda que las luchas de las mujeres han empezado en las plazas y que sólo así hemos conseguido que se hagan eco los poderes públicos.

No podemos olvidar a todas las que han enarbolado la bandera de la lucha feminista. No debemos abandonar las plazas. Por ellas y por nosotras seguiremos en la lucha.


1 comentario

  1. Muy buen artículo. Muchas gracias FELMA.
    Yo viví en París (desde el 77 hasta el 85) en el momento en que había que ratificar la ley del aborto, ya que en un primer momento se aprobó sólo de forma experimental, y había que analizarla, para ratificarla o no.
    Viví con mucho entusiasmo y emoción todas las multitudinarias manifestaciones que se hicieron en París en ese momento y recordarlas se me ponen los pelos de punta de emoción.
    Gracias a la aprobación provisional de SU ley del aborto, yo pude hacer uno con toda la seguridad de un hospital público parisino.
    Así es que muchas muchas gracias Simone Veil. Aunque no fue nunca una mujer anti-capitalista, siempre fue feminista, y luchó con afán por los derechos de La Mujer, cosa que yo como feminista le agradezco de todo corazón.

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