#25N No mueren, las asesinan

Hoy, 25 de noviembre, en esta jornada de lucha contra las violencias machistas, las mujeres y los hombres feministas que suscribimos este texto declaramos nuestro más firme rechazo a todo acto de fuerza, intimidación, poder o abuso ejercido contra nosotras por el simple hecho de ser mujeres.

Sabemos que no todos los hombres son machistas ni violentos pero también somos conscientes de que este sistema en el que vivimos está perfectamente diseñado para que lo sean.

Denunciamos los recortes en todos los presupuestos destinados a acabar con las violencias hacia las mujeres vengan del partido que vengan. En este señalado día no nos parece ético hacer como el alcalde de esta ciudad, que se perpetúa en el poder sustentado por un partido y un gobierno machistas, que niegan el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que financian instituciones religiosas que culpan a la mujer de la violencia que su pareja le infringe y después se hace la foto apoyando campañas por la igualdad. Delante de los medios, él y las demás instituciones que mandan en esta ciudad, asumen grácilmente compromisos que jamás cumplirán.

Porque violencia machista es la que ejerce el hombre contra su mujer y sus hijos e hijas y es también la que ejerce el gobierno permitiendo a los maltratadores la custodia de los hijos; es la violación sistemática de mujeres cada vez más jóvenes y lo es también la sospecha de los juzgados de que tras cada denuncia hay un consentimiento tácito. Violencia contra las mujeres es echarlas de sus casas, cuando han perdido lo poco que tenían y siguen siendo las sustentadoras del hogar, es tenerlas «empleadas» en sus flamantes casas de señoritos ricos llamándolas «internas» cuando deberían decir «esclavas». Porque todas y todos sabemos que la pobreza  -expresión violenta de este sistema capitalista que nos domina-  tiene rostro de mujer. ¿Qué harán estos señores del «pacto», sellado para la ocasión, cuando otra Rosa muera aquí asfixiada por el humo? ¿Qué les dirán a tantas pensionistas, camareras, madres e hijas cuidadoras asfixiadas por la miseria? ¿Que vayan a los comedores sociales? ¿Que se dejen de yaya-flautas y movidas en la calle y se dediquen a cuidar de su familia?

Estamos hartas de oír sobre la recuperación, el crecimiento y la generación de riqueza, hartas de alabanzas a las reformas estructurales llevadas a cabo por este y otros gobiernos, hartas del pragmatismo y la apatía de aquellos que permiten a estos señores seguir recortando en derechos fundamentales.

Si no acabamos con la desigualdad creciente, no acabaremos con la violencia. Todos los tipos de violencias se ceban especialmente con las mujeres en su parte más débil. No porque las mujeres seamos más frágiles o incapaces, sino porque todo está dispuesto para obligarnos a serlo: desde la ropa y el calzado que nos fabrican, hasta los medicamentos que se comercializan para nosotras. Películas, ofertas de trabajo, empresas florecientes que viven de  nosotras y de la violencia que se ejerce contra nosotras…

Mientras la mujeres les reportemos más beneficios así de violentadas, así de manipuladas, con una imagen de débiles, víctimas y sumisas, pueden tener por seguro que  no van a mover ni un dedo por mejorar nuestra situación. Ni este alcalde, ni otro, ni este gobierno ni otro.

CONTRA LAS VIOLENCIAS MACHISTAS ¡LUCHA FEMINISTA!

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