Las faeneras: de 1918 a 2018

Terminamos un año negro para las mujeres víctimas de violencia con cerca de 100 feminicidios en este país, de los cuales solo la mitad son considerados por las instituciones como violencia de género.

Llegamos a diciembre con más precariedad laboral para las mujeres, desahucios, trabajos no remunerados, dudosas pensiones, tareas de cuidados irrechazables, pobreza energética, familias en paro…

Dejamos atrás 2017 con la amenaza de una ley que legalice el alquiler de la maternidad y la compraventa de las hijas y los hijos que parimos, a fin de convertirnos a las mujeres una vez más en objetos de comercio.

Y asistimos a una “foto de familia” en esa farsa que han dado en llamar Pacto de estado contra la violencia de género en la que, por supuesto, está el partido que pretende aniquilar nuestros derechos humanos alimentando la barbarie capitalista con nuestros cuerpos y nuestra vida, ya sea en la prostitución o en la maternidad de alquiler.

Pero también ha sido un año de victorias específicas, de visibilización de nuestras luchas, aquí y en todo el mundo: las mujeres hemos alzado la voz por nosotras y por nuestros compañeros, en huelgas propias y en conflictos ajenos. Hemos llenado las calles, los teatros, las plazas. Se nos ha visto, se nos ha oído. Hemos sido muchas y nos hemos organizado.

Por eso y porque los gobiernos de turno no quieren perder la oportunidad de rascar simpatías, empieza el nuevo año con muchas actividades relacionadas con las mujeres. Algunas con hipócritas presencias que no nos engañan, desde luego.

Así, mientras el gobierno decide no presupuestar extraordinariamente los 200 millones del Pacto de estado que había acabado prometiendo de los 400 acordados (la única medida cuantificable de verdad de las más de 400 intenciones, proposiciones, impulsos, revisiones y demás del mencionado acuerdo), aquí nuestro alcalde decide participar en un acto convocado en conmemoración del centenario de la revuelta de las faeneras de Málaga, manifestación que fue de las obreras del campo y otras labores y que tuvo lugar el 9 de enero de 1918 en protesta por la carestía del pan y otros artículos y por la situación terrible de desigualdad en que vivían ellas y sus familias respecto de los ricos.

Este acto ha sido organizado por el Área de Igualdad de Oportunidades del Ayuntamiento de Málaga y los grupos de trabajo del Consejo Sectorial de Mujeres.

A estas mujeres debemos agradecer que se nos dé a conocer unos hechos que, como bien recogen los cronistas del programa conmemorativo, eran absolutamente ignorados por la mayoría. Por supuesto, los medios no hacen ninguna mención ni crítica a los motivos de ese desconocimiento. Parece que ya no es necesario recordar que la verdadera Historia de Málaga, como la de este lugar llamado España, no es la que nos han enseñado en las escuelas, sino esa otra que ha sido falseada, ocultada deliberadamente por quienes traicionaron al pueblo aplastándolo y silenciándolo a base de golpes y miedo. Esos mismos cuyos seguidores hoy pretenden hacernos creer que admiran a las faeneras y sus huelgas, reivindicando un hecho que forma parte de todo un conjunto de movilizaciones y luchas de las trabajadoras y trabajadores de las que nada supimos ni sabríamos si de ellos dependiese.

¿Y cómo serán los actos previstos para recordar una manifestación en protesta por la situación de carestía y miseria en que vivían las y los trabajadores?

¿Hará el Excmo. Sr. Alcalde, exsenador, exdiputado, exconsejero, expresidente de la Diputación, un mitin en defensa de la lucha obrera? ¿Recordará las causas que llevaron a las mujeres a salir a las calles y, en un claro paralelismo con la situación que muchas personas viven hoy, prometerá luchar por que se acabe para siempre la injusta situación de ricos y pobres y, consecuentemente, pelear por el fin del sistema capitalista?

Me temo que no.

El alcalde va a “inaugurar” una placa (¿cómo se inaugura una placa? ¿dará comienzo a alguna actividad periódica relacionada con las obreras del campo en ese lugar?), hacer un “recorrido histórico” (ojo: cuidadito con que se cuele la palabra “manifestación” o “marcha”, no vayamos a confundir a esas mujeres y hombres que, trabajando a destajo, no llegan a fin de mes y piensen que les vamos a dar alas para protestar), habrá charla, banda de música y actuaciones, todo muy festivo, como el cartel que anuncia el programa y, finalmente, nos invitarán a una exposición de fotografía ¿en un sindicato? ¿en el Rectorado? ¿o en algún centro social de mujeres? Nooooo…¡¡en una cofradía!! ¡Sí, señoras!
¡Pues claro! Nada más propio que un lugar donde la dignidad y el trabajo de las mujeres se reconoce día a día. Pensemos en la dignidad de las no hetero, de las que rechazan la maternidad o la virginidad, en el respeto por la democracia y en la no discriminación que esas entidades religiosas practican, donde las mujeres ordenan, predican, disponen  y mandan igualito, igualito que ellos… Ah, ¿cómo? ¿Que no es así? En qué estaría yo pensando.
Pero claro, con tantos espacios públicos cedidos a hermandades, cofradías y demás entes religiosos, va a llegar el día en que cueste encontrar otro lugar disponible.

¿Y cómo se llama la muestra? Adivinad, compañeras, adivinad…

¡¡¡MUJERES, TRABAJO Y DIGNIDAD!!!

¿No os recuerda el lema al de las Marchas por la Dignidad del 22 de marzo de 2014 y todas las que le han seguido?

Compañeras: acostumbrémonos porque es lo que se nos viene: conocedores del poder de las manifestaciones y las consignas, muchos han descubierto que pueden hacerlas suyas, apropiarse de las protestas legítimas de las mujeres trabajadoras y así, desprovistas de su valor reivindicativo, vestidas de fiesta, banalizar nuestras consignas y toda nuestra lucha.

Y creo que lo peor de todo es que lo hacen con el trabajo de mujeres que forman ese órgano de participación que es el Consejo Sectorial de las Mujeres.

Las asociaciones y demás grupos que participan en el Área de Igualdad de Oportunidades, o en los Consejos de Participación de las Mujeres en general, usan sobre todo la vía institucional para intentar alcanzar los objetivos que persiguen, para “optimizar la canalización de sus reivindicaciones”, compartiendo medios y campañas  con los gobiernos de turno de cada una de las administraciones de las que dependen. De este modo resulta difícil denunciar, por ejemplo, los recortes en educación y sanidad, o los conciertos con entidades religiosas (actualmente gestionando colegios, centros de mayores y de menores) que sustituyen a unos servicios sociales y educativos públicos y laicos, dándose la paradoja de que una institución que culpa a las mujeres de la violencia que padecen, dirige en buena medida la educación y la vida de muchas de esas mujeres y de sus hijas e hijos, con el beneplácito de ese gobierno que dice apoyar a las mujeres a través de sus institutos, consejos, áreas y programas.

De igual modo, algunas asociaciones de mujeres niegan la responsabilidad del gobierno autonómico culpando de los recortes exclusivamente al central y obviando la discrecionalidad con que aplican los presupuestos y que, por ejemplo, sus señorías se niegan a renunciar a privilegios atávicos, como chóferes, sobresueldos, etc., que bien podrían aplicarse a otras partidas más justas. Como si culpar siempre al que está por encima fuese una buena excusa para recortar en derechos fundamentales.

Y qué decir respecto al ámbito local. Muchas veces se olvida que este alcalde (que es del partido que recorta, reforma y amordaza) minimiza la violencia de género en nuestras fiestas, saluda obispos y jerarcas que denigran los derechos de las mujeres, niega, en fin, por un lado lo que afirma por otro; estas asociaciones dejan de lado todo esto y comparten espacios reivindicativos con él y sus adláteres, responsables como todos de los recortes y, en última instancia, de la terrible situación que estamos viviendo las mujeres con retrocesos increíbles en nuestros derechos humanos.

No. A mí no me tendrán a su lado en esto. Y me consta que a muchas otras feministas de clase, tampoco.

  1. Menos mal que quedamos muchas feministas de clase Reme. Un placer leerte y un placer saber que Málaga aún cuenta con mujeres dispuestas a decir las cosas claras y a que muchas aprendamos de historia y de que no nos vendan fiestas sin sentido.

  2. Pues sí compañeras, una manifestación de 1000 valientes mujeres, faeneras, trabajadoras y empobrecidas, en enero de 1918, reivindicando sus condiciones de vida, sus derechos, al igual que en estos tiempos, otras mujeres, los mismos motivos, y paradójicamentente quien lo usa para estar en todas partes, apropiarse de todos los espacios, confundir y hacer creer que está a favor, son quienes nos quieren controladas y anuladas.

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